¿En general se debe confiar en los demás (II)?

En el título de la entrada ¿En general se debe confiar en Los demás (I)? puse ¿se debe confiar?, a propósito. Evidentemente todos sabemos que se puede, pero escribo estas líneas para persuadirte de que debes. Uno de los pocos “debes” que merece la pena por cierto.

Confiar vs Confianza. Verbo vs Sustantivo…

Confianza implica objetivación, es decir cosificación, tratar la confianza como un objeto que puede incluso perderse o quizás como un sentimiento, voluble por tanto. Tienes que ganarte mi confianza, inspira confianza, etc. Son ejemplos de esta visión -habitual- del asunto.

Confiar, por el contrario implica hacer algo. Yo (tú) lo hago. Yo confío en que seas puntual (porque te comprometiste con ello), por ejemplo. Es decir una evaluación que yo hago de tu comportamiento.

¿Cuál de estas visiones es más poderosa? ¿Cuál otorga más control? ¿Cuál “da más juego”?

Saludos. ¡Confíen!

¿En general se debe confiar en los demás (I)?

Ahora que termina la Semana Santa quizás sea un buen momento para preguntarse esto, tan bueno al menos como cualquier otro.

Para empezar y motivarte un poco te diré que las personas inteligentes confían más en los demás que la media; acto seguido te pongo al corriente de que los confiados son más felices y están más sanos. Para terminar, hay estudios que han encontrado que ¡para colmo! los que confían suelen ser más proclives a emprender negocios y a ejercer como voluntarios… Pero no seamos egoistas, resulta que por encima del nivel individual, las sociedades que mantienen altos niveles de confianza: tienen instituciones públicas más eficientes, más “Capital Social” (el grado de colaboración entre los diferentes grupos de un colectivo humano y el aprovechamiento de las oportunidades surgidas a partir de ello) y ¡mayor crecimiento económico!

Contiuará…

Queja y Menoscabo

Quejas y Menoscabo

Quejas vs Responsabilidad

Muchos de vosotros habréis oído o leído que quejarse no es bueno, incluso puede que hayáis llegado a esa conclusión por experiencia propia, también que hayáis visto en las RRSS propuestas animando a eliminar la queja de vuestro discurso durante varios días o semanas… ¿Pero por qué es tan malo quejarse?

Para entenderlo, como casi todo en psicología hay que “mirar” al fenómeno en un contexto amplio y en relación a otro elemento, concretamente, la responsabilidad. Es precisamente ella la que resulta minada al recurrir a la queja de manera habitual.

Hay lamentos que son “inocuos”como por ejemplo expresiones del tipo ¡Uf, qué frío hace hoy! Inocuos porque se emiten en situaciones banales, normalmente como muletilla para iniciar una conversación y su simbolismo es prácticamente nulo. Y sobretodo porque su función no tiene nada que ver con asumir el papel de víctima.

El victimismo… Ahí está el quid de la cuestión.

La queja te pone en el papel de víctima, te resta poder, dado que implícita y a menudo inconscientemente asumes que no tienes otra opción que someterte a fuerzas que escapan de tu control. Cuando te quejas envías el mensaje de “que no puedes”. Así la queja te debilita incubando fácilmente el resentimiento que a la postre se transformará en cinismo y/o amargura.

Toda víctima necesita de alguien que la rescate al contrario de una persona responsable que entiende que la inmensa mayoría de los resultados que obtiene en su existencia dependen casi exclusivamente de ella. Esta es una postura poderosa ante la vida…

La queja desvía tu atención de lo importante, te “embarra”, mientras que la responsabilidad te prepara para la acción.

La queja te resta energía.

Cansa a los demás.

En los equipos favorece el chismorreo y sustrae intensidad al rendimiento.

Te hace parecer una persona menos interesante.

Además, la queja corre el riesgo de convertirse en un hábito y como tal, inconsciente y dependiente del contexto en general y particularmente de la presencia de determinadas personas.

Por último, aclarar que no es lo mismo una queja, un no puedo, que una reclamación, que implica una asunción de responsabilidad, un primer paso orientado a la acción, una exhibición de poder.

P.S. Si quieres aprender a incorporar la responsabilidad a tu vida, no dudes en contactarnos.

10 Cosas que dejar de hacer para ser feliz en 2017…

A veces, ser feliz no es cuestión de sumas, sino de restas…
1.     Culpar a los demás.
Si dejas de culpar a los demás por lo que “sale mal”, quizás encuentres aquello en lo que mejorar.
2.     Tratar de impresionar.
A la gente puede que le gusten tus cosas, pero le gustarán esas –tus cosas- no necesariamente tú.
3.     Aferrarse a lo conocido.
La ausencia de miedo e inseguridad no es lo mismo que felicidad, puede ser un primer paso pero insuficiente.
4.     Interrumpir a los demás cuando hablan.
     ¿Quieres que los demás se sientan bien consigo y por tanto contigo?
5.     Quejarte.
     Sé inteligente emocionalmente y no permitas que tus propias palabras te hundan en el desánimo.
6.     Controlar a los demás.
Al único que puedes controlar es a ti.
7.     Criticar a los demás.
     Mejor aprecia las diferencias.
8.     Sermonear.
¿De verdad quieres que los demás te escuchen…?
9.     Quedarte “enganchado” al pasado.
     Lo pasado, pasado está, no  permitas que defina quien eres.
10.   Comprar cosas innecesarias.
      Menos es más…

Coaching Vs Psicoterapia

Una de las diferencias entre el coaching y la psicoterapia es que el primero es esencialmente proactivo, mientras que la segunda suele ser reactiva. Otra diferencia es que el coaching suele abordar cuestiones directamente relacionadas con el puesto de trabajo, pero necesita de habilidades psicoterapeúticas si el problema tiene causas profundas o se remonta a la infancia…

Extraído de Coaching, John Withmore. Cofundador y principal experto en la materia.